viernes, 9 de mayo de 2008

RETROSPECTIVA: una visita al pasado

ANDARÍN:
UN AMIGO INIGUALABLE


Por Feliciano Liranzo
Jamás olvidaré los alegres momentos que pasé junto a mi amigo Andarín. Y como muestra de esa promesa, más de 25 años después recuerdo su grata compañía.

Conocí a Cesarín por medio de mi amigo y hermano Federiquito, el hijo de Federico Díaz y doña Elena Cruz, a quienes considero mi familia.
Fue en su hogar de la avenida Santa Teresa de Elías Piña, donde conocí a Cesarín, a quien el mismo Federiquito le puso el sobrenombre de Andarín, no recuerdo por qué.
Lo cierto es que Andarín no salía de la casa de la familia Díaz Cruz, compartiendo con toda la muchachada de la periferia y con los otros hermanos de Federiquito: Yanet, Nancy, Mercedes, Miguelito, Yovanny, Iris y Marleny, la hija de Nolia Cruz.
Todos sentían aprecio por este muchacho humilde y buena gente, y al igual que a mí lo consideraban como a un miembro de familia.
Si hubiese sido yo en vez de 'Andarín', le hubiese puesto 'Sonrisa', porque siempre se estaba riendo, y junto a él la tristeza no existía.
En una de mis frecuentes estadías en Elías Piña, ciudad que visitaba frecuentemente, me sorprendí bastante con este muchacho, pues medía nada más y nada menos que seis pies de estatura. Había crecido exageradamente rápido. Pero, nunca cambió su feliz manera de ser, pese a cualquier adversidad que estuviera atravesando.
En otra visita a la casa de Federiquito en Elías Piña, esta vez desde Haina, me puse muy triste porque no encontré a Andarín, a quien esperaba ver para que junto a los otros jóvenes del grupo, disfrutar un tiempo agradable.
Esa vez me dieron la noticia de que Andarín había ingresado a una de las instituciones de las Fuerzas Armadas, no preciso si era guardia o policía, y estaba sirviendo en un pueblo lejano del país.
Extrañé mucho su presencia, pero tiempo después fue trasladado a su pueblo natal, por lo que abrigaba la esperanza de verle allí muy pronto.
Los compromisos del grupo de amigos seguían creciendo, nos estábamos haciendo mayorcitos, y por lo tanto era menos factible la posibilidad de juntarse. Para dificultar más las cosas los hermanos Díaz Cruz se habían mudados para Santo Domingo, para facilitar sus estudios universitarios, por lo que los viajes a Elías Piña se habían reducidos drásticamente.
Tenía mucho que no veía a Andarín, pero siempre le preguntaba a Federiquito por él. "¡Cuánto me gustaría volver a verle y pasar un rato de aquellos donde no habían preocupaciones, todo era felicidad!" Pensaba, y esperaba que un día sirviera en la capital, para verle aunque sea unos minutos.
Corrían los últimos meses del final de la década de los ochenta, y una tarde me junté con Federiquito en la "Embajada" de Elías Piña, en el campus de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde estudiábamos. Lógicamente, le pregunté por nuestro amigo Andarín. Su respuesta me estemeció el alma misma.
Una semana antes, había sido asesinado.
Tu comentario a: hondovallesur@hotmail.com

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