martes, 3 de marzo de 2009

LO QUE DICE GARY

Los Viajes a la Capital




Por: Garybaldi D'Óleo (hondovayork)
‘Si te ‘portas bien y pasas de curso, vas de vacaciones para la Capital’. Santa promesa que año tras año era hecha por mis padres y que no necesariamente buscaban una recompensa por lo bien que nos portáramos durante el año escolar o en los quehaceres y mandados que día a día se suscitaban en la casa.





Más bien aquello constituía una especie de premio o remuneración familiar de parte y parte, pues, si de un lado nos alegrábamos de ver los colores, las formas y las cosas de la capital que apenas en sueños lográbamos visualizar en nuestro apartado pueblo, más nos alegraba el placer mutuo de compartir con nuestros abuelos paternos y tíos, esto era recíproco.
Recuerdo que siempre, siempre nos esperaba nuestra cariñosa abuela Filó (E.P.D.) con los brazos abiertos a las puertas de la casa, primero en el entonces sector de ‘Los Maestros’ del Mirador Sur y más tarde en el sector de Bella Vista. Ese fuerte abrazo y ese beso sonao, dulce y sincero, nos lo despintaba nadie.
La espera del día de la salida parecía algo infinito, inalcanzable; pero siempre era segura. La noche anterior casi no podía uno dormir. Por más temprano que se fuera a la cama, el afán del viaje no permitía conciliar un sueño con la tranquilidad requerida. Ese frío de la madrugada golpeaba con fuerza en el rostro desnudo. Un chocolate de agua caliente, un pedazo de arepa y un abrigo y a esperar la camioneta de Chichito o Desiderio arrinconado o acostado con ‘to y ropa. ¿Has leído camioneta? Pues sí, regularmente una camioneta Toyota o Datsun de doble cabina pasaba por la casa a buscar los ‘pasajeros’. Atrás los bultos, 3 personas adelante (incluyendo al chofer), 4 ó 5 en la parte de atrás y los menos afortunados ocupaban la ‘cama’ del vehículo, donde recibían el cortante frío mañanero de El Portón y casi todo el camino.
Cuanto menos 2 horas al municipio más cercano, SI, 2 HORAS a El Cercado en una carretera con más curvas que una guitarra y más hoyos que un guayo de orquesta
típica. ¡Santísimo, que 24 kilómetros esos que rendían! El trayecto parecía eterno. Si llegando a El Cercado o a Las Matas de Farfán no se encontraba una guagua (escasas para ese entonces) se llegaba hasta San Juan de la Maguana (casi siempre era así) y de allí en adelante las cosas se tornaban de otro color. Autobús con aire acondicionado, música, asientos cómodos y una carretera muuuuuuuy diferente a las transitadas con anterioridad.
La parada obligada, la rutina de rigor, dictaba el estacionamiento casi mecánico en el Parador Cruce de Ocoa, allí se desmontaba uno a estirar los pies, la posterior visita a los baños infernales del establecimiento y finalmente a la compra de algún dulce o chuchería. También y aunque hoy me arrepiento, consumimos unos cuantos pica-pollos o galletitas con queso banco y uno que otro jugo. Pero ¿por qué me refiero en esta manera a ciertos aspectos de otrora negocio de Yuyú Lara? Bueno, ya en cierta ocasión escribí sobre esto. Si te interesa, puedes leerlo: pulsando aquí,
Pero…vamos a lo del viaje. Señores, eran unas largas 8 horas de ruedas y ruedas. 8 Horas!! Casi en una misma posición todo ese trayecto ¿se lo imaginan? Aquello consistía en un sacrificio que valía la pena, de verdad que sí; pero de verdad que estaba fuerte eso. A modo de chercha lo veo ahora y de seguro hasta diga que se necesitaban: unas nalgas de respuesta y un lápiz para redibujar la rayita…porque de que se le borraba, se le borraba a uno… Jajajajajaja!!!
Era regular el dolor de cabeza una vez terminada la jornada. Al más fuerte le pasaba. Esa ‘cuaja corporal’ era de lo más común. Como siempre tampoco faltaba el que ‘llamaba a Juan’ durante la travesía. Muchos son los cuentos de ‘baños completos o parciales’ de compañeros o vecinos de viaje. Pase revista y como decía el amigo amengual: ‘Sea ud. el jurado’. Por más que uno quisiera no escapaba de por lo menos la salpicadura de un cristiano que ’se mareaba’, ‘se iba’, ‘todo le daba vueltas’ o ‘le daba una vaina’. No había ‘Dramidón’ en ese entonces, no bastaba el alcoholado o el ‘berrón’ (Bay-Rum), tampoco eran suficientes los consejos del padre o la madre…la solución más cerca era la ventanilla o en su defecto una funda (bolsa) negra de emergencia. De ahí que mucha gente que ‘conocían las piezas de su camión’ buscaban siempre estar con el futuro ‘regueroso’ en el sitio adecuado. Era i-n-e-v-i-t-a-b-l-e para algunas personas. No ‘mancaban’ una como dice un amigo por ahí; pero eran de los puntos típicos desagradables o no de aquellos viajes que como muchas otras cosas y detalles, vivirán por siempre presente en nuestra memoria.

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