viernes, 25 de septiembre de 2009

MEMORIAS DEL EMIGRANTE

El paciente debe ser muy paciente

POR: BLAS LIRANZO LORENZO
En días pasados fui a una famosa clínica en la Capital Dominicana, con el objetivo de chequearme un oído que me molestaba y a la vez , consultar al médico sobre una sinusitis o rinitis, que desde hace tiempo viene afectándome. Llegué a la clínica previo hacer cita con el consultorio de un famoso Doctor, cuya especialidad por supuesto es otorrino.

La visita a dicho profesional de la salud la hice por recomendaciones de varios amigos y compañeros de trabajos, que ya tenían referencia de y algunos son pacientes del mismo.
Bueno era viernes por la mañana y estaba desesperado por la molestia del oído; una compañera de trabajo me dice, -"llame ese doctor a ver si lo recibe, aunque él trabaja con cita y como tiene muchos pacientes siempre, le explica que es una emergencia".

Llamé al consultorio y me contestó una simpática secretaria diciéndome que el Doctor tenía 19 pacientes en turnos para la tarde, pero como era algo urgente que fuera esa tarde y que llegara más temprano para que fuera de los primeros en atenderme, ya que aunque el paciente haga la cita, el médico lo ve por orden de llegada.
A las dos de la tarde llegué al consultorio y ya habían tres personas en espera, dos señora y una niña, pero por suerte solo la niña iba para donde el médico, por lo que yo era el número dos. El Doctor llegó a las tres y diez minutos, una media hora después que la joven secretaria, por lo que uno de los pacientes de varios que habían llegados a esa hora, dijo –"Bueno, tenemos suerte, el Doctor llegó temprano"... mientras yo, pensando que antes de las cuatro iba a estar encendiendo el carro para partir a mi hogar.
No obstante, el médico entró a su consultorio y a las cuatro menos diez fue que mandó a pasar la niña, que era la primera paciente la cual duró unos diez minutos y cuando salió yo respiré hondo y pensé "ya casi estoy entrando", pero en eso llegó un señor que no parecía ser un paciente y la secretaria lo hizo pasar durando casi media hora. Cuando salió, inmediatamente entre yo y detrás de mi entró una señora, por lo que el médico me pidió excusa para tratar algo breve con ella, durando unos diez minutos más.

Ring, ring...
Luego que sale la señora y ya el médico comienza a preguntarme qué me pasaba, suena el teléfono del consultorio y luego otras llamadas tanto al móvil como al del consultorio, por lo que salí a las cinco de la tarde.
Después de examinarme me hizo dos indicaciones y la secretaria me dijo que debía llevarlas a la oficina de mi seguro médico para que ellos dieran la orden, ya que se trataban de una tomografía nasal y una limpieza de oídos.
Me trasladé a una oficina que tiene mi seguro en la clínica y presente las indicaciones, diciéndome la joven que me atendió que el médico debía llenar un formulario con mis antecedentes médicos para así poder darme la autorización. Tomé el formulario y retorné al consultorio del Doctor a llenarlo, se lo presento a la secretaria y me dice que entrara después que saliera el paciente que estaba adentro... luego de veinticinco minutos por fín sale el paciente y el médico me llena el formulario, retorno a la oficina del seguro y ya estaban cerrando, por lo que la joven me dijo que volviera al día siguiente .
No tuve otra alternativa que retornar a mi casa y lidiar con los tapones de vehículos que se forman después de las seis de la tarde, en las principales avenidas de Santo Domingo.

Al día siguiente... mi oído sigue molestándome y voy a una oficina del seguro que está en una clínica cercana a mi hogar. La joven que me atiende me da la autorización de la limpieza de los oídos pero la del estudio me dice que los médicos del seguro tenían que evaluarla y que eso llevaba alrededor de una semana. Le explico que la necesito rápido, diciéndome que va a hacer todo lo posible para ver si estaba para el próximo martes.
El martes en la tarde llamo y me contesta la joven que la evaluación estaba lista y que podía recogerla; así lo hice y llamo donde me van a hacer el estudio y me dicen que al otro día a las once y media de la mañana.
Al otro día y a la hora convenida, me presento allá, me hacen el estudio, pero me dicen que los resultados estaban para el día siguiente a las seis de la tarde, es decir para el jueves, pero que llamara primero antes de ir a buscarlo.

A día siguiente, un poco antes de las cinco de la tarde, llamo para saber si el estudio está listo y me dicen "sí, puede pasar a recogerlo cuando quiera". Faltando diez minutos para la cinco me presento allá a buscar los resultados y la joven que me atiende me dice no estaban listo, explicándole que yo había llamado y que me habían dicho que estaban 'ready'... me dijo "espere un momento que voy a investigar"... Y a las seis menos cinco minutos fue que me los entregó.

Sigue la odisea...
Al día siguiente y previa cita hecha para tales fines, me presenté al consultorio del médico, como a las dos de la tarde para entregarle los resultados y me hiciera la limpieza de los oídos, uno de los cuales aún me molestaba... Fui el segundo en la orden de llegada y eran casi las cuatro y el Doctor no había llegado.
Veinte minutos después de las cuatro dice la secretaria que el médico la llamó diciéndole que se le había complicado una cirugía que estaba realizando y que no iba a poder ir al consultorio ese viernes, que lo excusen y que volviéramos el lunes que íbamos a ser los primeros en ser atendidos. Los pacientes nos miramos entre sí y cabizbajos, cada cual partió para su hogar.
El lunes siguiente a las nueve de la mañana, ya estaba en el consultorio esperando al médico, el cual llegó casi a las diez antes meridiano y como era el segundo en ser atendido pude salir faltando algo para las once, después de haber recibido la limpieza de los oídos y del doctor analizar los resultados e indicarme un tratamiento para una leve sinusitis que según él tengo.

En conclusión, algo que pensaba iba a durar unos dos o tres días, tardó once días debido a los procesos burocráticos y a la idiosincrasia que nos caracteriza, por lo que me surgen las siguientes interrogantes.
¿habrá otro país en el mundo que tenga 'pacientes tan pacientes' como el nuestro? ¿Ha tenido usted amigo lector una experiencia similar?, Cuentéela aquí, esperamos por ella. hondovallesur@hotmail.com

SENTIDO COMÚN

Cuando la vida se torna miserable



POR: FELICIANO LIRANZO
Alguien dijo que los seres humanos nos encargamos de asegurar que la adultez o la vejez sea miserable. ¿Cómo se logra que la vida futura de un joven sea miserable? Muy fácil, empezamos a hacer y a deshacer como egoístas, como si la juventud durara eternamente.

Los jóvenes viven el presente, tras ignorar que la juventud es pasajera, como se asegura bíblicamente. “Es vanidad al igual que la flor de la vida”.
Si usted es adulto concordará conmigo en que hay cosas simples que hicimos en el pasado o que dejamos de hacer, que hoy hacen mella en nuestras mentes y nos torturan brutalmente cada vez que las recordamos. Muchas de esas cosas eran simples, mas sin embargo no eran adecuadas.
Tan simples como dejarle la mano tendida a una persona que te saluda. Echarle un ‘boche’ que es lo mismo, hablar rudamente a un semejante. Desobedecr a tus padres cuando uno sabe que ellos tienen razón. Ofender a un amigo o amiga y nunca excusarse. Y un largo etcétera.
El obrar inadecuadamente, sobre todo en la juventud, ha amargado la vida de artistas, deportistas profesionales, personas famosas, pobres, ricos; personas que terminan amargadas por un mal proceder, y no solamente porque derrocharon su dinero, en el caso de los pudientes, sino porque son atormentados por conductas malsanas en el pasado.
Es cierto que Dios nos da los sentidos para que lo usemos en nuestro diario vivir. Pero, ¿los estamos usando apropiadamente? Por ejemplo. Contamos con el sentido de la vista. Sin él no podremos distinguir los colores ni manejar ni observar las hermosas manifestaciones de la naturaleza colorida.
Pero, sucede que muchas veces miramos lo que no debemos. Fijamos la vista en cosas incorrectas a sabiendas de que no estamos actuando en conformidad con las leyes morales y las buenas costumbres.
No somos capaces de controlar el ojo para que no nos haga tropezar. Y entonces, lo que hacemos no nos importa en el momento, pero después cuando llega la adultez y reflexionamos en el pasado nos molesta la consciencia por no haber sido capaz de dominar nuestros pensamientos.
Y estoy señalando específicamente al ojo humano, porque es el órgano por donde entran las imágenes que pasan a nuestra mente o cerebro. Luego… si decidimos seguir mirando algo indebido, lo bajamos al corazón y ahí mismo comienzan los problemas. Porque ‘el corazón es traicionero’, como registran las Sagradas Escrituras en Jeremías 17: 9. De modo que si tenemos cosas malas en el corazón asimismo vamos a actuar en consecuencia.
Dicho de otra manera, si escuchamos lo que no debemos, si miramos lo que debemos, si tocamos lo que no debemos, nos estamos asegurando muchos dolores de cabeza en el futuro. Dolores de cabeza que tenemos que evitar ahora. ¿Cómo lo podemos lograr?
1.- Meditar en las consecuencias futuras de nuestros actos presentes.
2.- Lo que vamos a decir ¿Edifica o perjudica? ¿Ofendemos o encomiamos?
3.- Si no va a decir algo constructivo de otra persona, mejor no diga nada.
4.- No bajar al corazón las imágenes nocivas que ven los ojos.
5.- Hacer siempre el bien a los demás.
6.- Pensar antes de hablar.
7.- Ser ciego ante hechos perniciosos.
8.- Ser sordo ante contertulios que no edifican con sus conversaciones carentes de valor.
Al menos debemos intentarlo.
*Cortesía de haina17.blogspot.com

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails